Desde siempre la conocimos asi, con ese nombre. Hace unas décadas estaba más digna, aunque ya tenía entonces ese mismo aire tenebroso e inquietante. Claro está, el tiempo ha continuado deteriorándola. Ahora tiene la puerta semiabierta y abiertas las ventanas. Mejor, no mirar lo que hay dentro. Pero siempre que paseo por su entorno, no puedo evitar que me surja en los alrededores del estómago un movimiento molesto de lástima mezclado con un aroma profundo de inquietud.
Por cierto, la puerta y las ventanas, otro día.

Por cierto, la puerta y las ventanas, otro día.

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