Las imágenes, proyectadas sobre las cuatro paredes del recinto iban cambiando con motivos relacionados con la naturaleza, que si unas abejas, que si pulpos, que si los búfalos... Los espectadores, sentados en el suelo o en unos bancos situados en el centro de la habitación, girando la cabeza de pared en pared, como si fuésemos la niña del exorcista.
Bueno, la inmersión no fue total o perfecta, según señalas, pero mí más que suficiente en el ratillo que me tuvo entretenido mirando a las imágenes y a sus espectadores.
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