Creo que la llamamos así desde el primer día que apareció. Además de ella, aparecieron también en los días siguientes otros tres gatos, a los que hemos llamado Roxio, Blanquinegro y Blanquita, aunque no estamos muy seguros del sexo de estos tres. En todo caso, así estamos. No vienen todos los días, pues están dispersos por los bosques que nos rodean, pero cada vez acuden con mayor frecuencia. Pero la que más está presente es Manchitas. Todavía es un animal salvaje, e incluso cuando le damos comida, toma mil precauciones y cautelas para llegar hasta ella, y no nos deja que nos acerquemos hasta muy escasos metros. Además, como calza en sus ojos una perturbadora mirada, no se nos ocurre forzar los limites de la prudencia. Porque, en el fondo, yo sé que es una encantadora víbora amorosa, y sé también que no forzará ella las reglas de la cortesía: ella sabe bien que somos buena gente.

