Más de lo mismo. En mitad de la canícula, en las horas de fuego, uno se refugia en lugar oscuro y con aire acondicionado y se encuentra formando parte del recuerdo de los demás.
Calor no, fuego en el mes de julio en Madrid. Tanto era así que resistimos con los básicos: buscando sombras, botellas de agua y locales donde parar a echar un café, y claro, con la cámara cerca uno se pone a mirar y pasa lo que pasa.
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